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Introducción
El cambio radical que se ha producido en el sistema económico mundial en las últimas décadas ha trastocado la percepción, tanto teórica como práctica, de la realidad económica y social. Fenómenos como el desarrollo explosivo de la informática, la aceleración tecnológica, la rapidez y menor precio de las comunicaciones, la liberalización de los mercados de mercancías y factores de producción, las migraciones, etc., han motivado que el concepto de estabilidad, que se consideraba la referencia central de la política económica, haya sido reemplazado por los conceptos de cambio continuo y sostenibilidad como perspectivas inspiradoras.
En ese marco, el concepto de innovación se ha convertido en el centro del discurso económico, como herramienta para conjugar las necesidades de cambio y sostenibilidad. Siempre se había reconocido el progreso técnico, asimilado a innovación, como sustancial para el aumento de productividad en la economía, pero su tratamiento en los análisis era el de factor exógeno. En la actualidad se considera como un elemento central endógeno, indispensable para el funcionamiento adecuado de las economías nacionales en el contexto competitivo mundial, y también de la economía mundial si se quieren afrontar retos globales como la contaminación, el cambio climático o la pobreza.
La innovación es un proceso complejo que puede analizarse desde distintos puntos de vista. La Real Academia Española define innovación como “acción y efecto de mudar o alterar algo, introduciendo novedades o el proceso de creación o modificación de un producto y su introducción en el mercado”. La segunda acepción incluye una característica básica de la innovación que confiere una importancia fundamental al término: la finalidad que toda innovación tiene de ser utilizada para su puesta en práctica e introducción en el mercado.
Las aproximaciones desde el ámbito de la teoría económica al concepto innovación refuerzan esta idea y así lo recoge la definición más extendida y aceptada internacionalmente que corresponde al Manual de Oslo, elaborado por la OCDE en 2005, según el cual “una innovación es la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores”.
Puede consultar la documentación completa en el apartado Documentos, situado en la parte derecha de la pagina.